Montaña de la Soberanía 14 de Agosto 2025

En la vida cotidiana, entre las prisas y las responsabilidades, a menudo olvidamos el poder que tiene el acto de cocinar en grupo. En nuestro nodo compartir recetas, técnicas, errores y triunfos en el proceso está fortaleciendo el lazo entre nuestros integrantes.

Dado que nuestra jornada de trabajo coincidió con un día ROJO señalado en el calendario biodinámico, el grupo decidió reunirse en la cocina de Anamaria y Carlos para preparar un desayuno especial, que incluía hacer pandeyucas y como es nuestra costumbre dedicar un espacio de charla y reflexión de como vamos en nuestro nodo.

La atmósfera, impregnada de aromas cálidos y risas, invitaba a soltar las tensiones acumuladas. Mientras se mezclaban los ingredientes y cada quien aportaba su toque personal a la receta, las conversaciones fluían naturalmente, entre anécdotas y aprendizajes del día a día. Cocinar se transformó, una vez más, en pretexto y puente: el amasado de la masa era también el tejido de nuestras historias y el refuerzo de los vínculos que nos sostienen. El desayuno fue más que alimento; fue celebración de la sincronía entre personas que, a pesar de las diferencias, se reconocen en el valor de compartir y crear juntas.

Al finalizar el desayuno, entre los restos de harina y las tazas vacías, el grupo se dio un momento para reflexionar colectivamente. Surgieron preguntas sobre cómo podríamos integrar prácticas biodinámicas en futuras reuniones y qué nuevas recetas podrían convertirse en símbolos de nuestra identidad compartida. El entusiasmo por experimentar fue palpable; algunas personas propusieron probar sabores ancestrales, otras sugerían reinterpretar platillos tradicionales con ingredientes locales y de temporada. Una palabra muy importante surgió de Samuel y es que por ahora es el primer niño activo en el proyecto de Cultivamos Soberanía

Así, nuestro nodo se reafirmó como un espacio donde el alimento va más allá de lo físico y se convierte en catalizador de conversación, comunidad y memoria. En cada encuentro, la cocina renueva su papel como laboratorio de afectos y creatividad, recordándonos que nutrirnos juntos es, en esencia, un acto de confianza y de apertura a lo inesperado.

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